Experimentos de Pablo Esteve

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jueves, 19 de abril de 2012

Lo perdemos todo en el juego

Lo perdemos todo en el juego, la obstinación

del cinco rojo y volver a darse con un cántaro en las narices

levantarse con el cuerpo enmohecido, no amoratado.

Desayunamos y nos da por mirar hacia el mar,

imbéciles que no sentimos con la piel despierta el aire

que respiramos y nos obstinamos en un mar

que se alejó cientos de metros hacia el horizonte,

cada vez más arena entre los dedos, más vicio apurado

en el último momento que nos deja con la desgana

prendida del orgasmo. No os incomodéis en las butacas,

no soy un rebelde sin causa, no soy un héroe que salva

a la chica, soy más bien el que, ridículo, se quema vivo

por no mover un dedo y luego busca entre las migajas

las sobras del bistec que se comieron bien hecho otros.


Pablo Esteve. 18/04/2012. Donosti.

lunes, 20 de febrero de 2012

empacho

estaba tan cerca de tocar el cielo
que solo me hacía falta remangarme,
atarme bien los cordones, estaban
tan a mano las nubes que me imaginaba
una fiesta de barrio con las niñas
tan monas y con ese dulce resto en el pelo,
creía que pagando el importe del autobús
me dejaba a una parada de la ilusión,
de un recibimiento con honores
y la risa floja me confundió los calcetines,
me escondió mi camisa favorita, estaba
ya en la calle con el barullo, con ese tira y afloja
de los días y el café en cantidades industriales,
y me di cuenta que el cuento de la lechera
acaba así, más o menos y que o me pongo
o me aniquila el mismo cielo que deseo.


Pablo Esteve. 20/01/2012. Donosti.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

En pocas palabras

En pocas palabras

se quemó la lengua

no abrió la boca

en toda la merienda.

Corría una brisa

de prado en primavera

de gasolineras

abiertas non-stop

de dudas aireadas

esparcidas, mustias

bajo ese armario

en venta, perdido

en un incendio, sí,

sí y el sí como remedio

contra las paperas

de un niño que no sabe

cómo se abren los candados.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Felicidad

Que sí, que hace nueve años

que no nos vemos. Hemos

cambiado a horrores,

no, tú estás igual, caes

en la cuenta de una cosa

las mujeres son más densas

con el maquillaje y los hombres,

renacemos con lo de la belleza

está en el interior para evitar

las miradas sobre las canas

las arrugas, las barrigas

y ellas, compran prendas

en negro, dicen, son elegantes

mientras sonríen tímidamente.

Chica, estás igual, y desvías

esa garra, ese mordisco

en los tobillos del alma.

Chico, te encantaba pintar

¿sigues haciéndolo?, no

tengo hijos y son mi herencia,

perpetúan mis dotes

hasta que se les retiren

los dientes de leche.

¿recuerdas? y esa pregunta

le impone otra capa más

de reafirmante y a mí

me sale otra caries,

recuerdas ese olor a madera

quemada de primeros de septiembre

todos en fila india, sí, chica, estás

igual de espíritu y eso, es el punto

y final de una historia de amor

que pudo ser y no fue.

ya nos veremos, tenemos que quedar

más a menudo y sientes ganas

de doblar la esquina para llorar

un poquito, con mocos y luego

seguir como si nada, elegante

o cultivando lo de adentro

para que sea la bandera del afuera.



Pablo Esteve. Donosti. 22/12/2011

Poema esenciado

sábado, 17 de diciembre de 2011

sueño de los mares del sur

Me vendría de perlas

saber olvidarla,

acertar esta noche

al cerrar la puerta

con las tijeras

que corten su cola

de sirena y el frío

dejarlo en un pozo

sellado con miles

de cristalitos y notas

a pie de página

sin llaves de casa

sin final de novela

ni continuará.


Pablo Esteve. 17/12/2011. Donosti

viernes, 16 de diciembre de 2011

Encuentros

Ni tú ni yo ni todo lo contrario. Es tiempo de ir despacito, con la mirada medio baja, afirmándose en los zapatos, en los pasos que hincan sus rodillas hasta en el barro más pegajoso o el cemento más tieso. Tendré que concertar una cita con el fisio para que me desentumezca el ánimo, para que me reinstale en su sitio la vértebra olvidada en el 95. No tengas prisa por pagar la cuenta, aún no he entendido del todo el menú de los entrantes y el único avance del frente de trincheras es este vino blanco caliente, apurado con desgana. Pide otro. Ya en el primer plato no sé si es el beso o saber cómo te llamas. Perdí la memoria y la dislexia me tuerce la boca más de la cuenta. Empezaré por no hablar demasiado, no hacer ruido de puertas mal engrasadas o de gota reincidente de un lavabo. En el segundo plato, no me salto ni los postres, intuyo que voy lo suficientemente veloz como para encadenar un abismo tras otro con una cuerda floja entre ella y yo. El bizcocho se me atragantó recordando al tipo que le comía la boca hasta el tuétano a su novia, ya en la cincuentena ambos, hicieron saltar los cristales a pedacitos y el deseo saltó de café en café y de azotea en azotea hasta el en tu casa o en la mía y ella, más te vale que me llames mañana cuando salgas del trabajo, no me apetece otra cosa que repetir el primer plato. Me llamo Nuria. Y pagó la cuenta.

Pablo Esteve. Donosti. 07/12/2011

viernes, 2 de diciembre de 2011

Presencias (recetas para quien dude)

Lo liviano. Lo que nos construye pieza a pieza y ser mejores. Más completos. Deslizado desde lo ocre de los paseos contigo, cuando apurando las causas de una tragedia aspiramos a lo magnífico. Una extravagancia. Contaré una historia a modo de introducción, tocan las campanas en la iglesia de San Vicente. Es mediodía. Aún no está todo perdido. Hoy no será uno de esos días en los que diga lo mismo a las 8 de la tarde. No dejaré ni un ápice sin triturar, sin caminar con brío, sin quitar las asperezas o a los que digan que lloverá, con la tragedia mascada como un chicle de caucho. La presencia. Ante este hecho se me plantó Kundera con la belleza del error, que mirado bajo un espectrograma es la pura definición de la presencia, lo que constata su existencia. Su construcción. Siguiendo como un cordero resucitado tras ser degollado, traje en mi maleta plastilina, barro, botas pintura, rotuladores permanentes en una gran caja con unas letras enormes para niños grandes “Pasado mañana”. La presencia, lo liviano trabaja a corto plazo para formarse y a largo, para sentirse menos pereza y más confianza. A veces, el frío de la cerveza nos estremece. Se nos adelanta unos metros. Nos toca la punta de la nariz y nos dice “atentos”, nada de cuidado. Abrid los ojos, estad dispuestos al error, a lo que marcará ese camino en constante creación. Mi abuela murió por un error, aquel tubo le estalló las venas y se ahogó. Todo fue de una presencia atroz para los asistentes. Qué derecho tenemos, me pregunto para pensar en estos errores, en la cadencia de un genocidio, en las escotillas siniestras de un tanque o de un sótano sin salida de emergencia o de un matrimonio en el que ninguno de los dos sabe qué hace con el otro. Elijo. Ese es el principio. Si puedo elegir, elijo la belleza del error. Elijo lo que me da la gana para explicar la felicidad de respirar las veces que hacen falta por minuto para seguir soñando con palabras favoritas como, después de la campanada, surge el susurro. Mañana en las corseterías, en vez de café a un euro para llevar, ofrecerán susurros sin empaquetar y en los museos de arqueología, susurros descorchados o susurros deshilvanados y en las peluquerías, susurros con las ventanas abiertas. Y aunque llueva, habrá susurros bajo los soportales, bajo los paraguas de cualquier color menos negro y de vez en cuando, alguien se pondrá un susurro en la solapa como en una cita de amor. Pagará con un susurro y medio todas las facturas telefónicas que lleven sonrisa incluida y alguien colará un susurro tres cuartos con perfume de mujer en el bolsillo del suicida. Habrá susurros a bocajarro para el desconfiado y floreros y gargantillas de susurros para el ilusionado y para el friolero, un foulard con susurros y chorreras. En cada punto y coma de esta historia con final feliz habrá una campanada a la una y diez de la madrugada que despertará a los menos gato, a los que no sueñen lo suficiente como para despertarse sobre un pastel de cumpleaños.


Pablo Esteve. Donosti-San Sebastián. 01/12/2011. Papiroflexia.

sábado, 19 de noviembre de 2011

presencias

a rubén que le encantaban las ventanas abiertas

las llaves bajo el felpudo de las pelis en blanco

y negro, el punto amargo del café en la lengua

de cristina, y la idea de un barco pirata asediado,

no soportaba lo de hoy cuánto me querrás y él

respondía depende de cuántas veces me dejes

contar los dedos de tus pies. Respiraba fatal

y soñaba que había dejado el gas encendido.

Cuando le pasaba esto, añadía entre las tostadas

una nota con mala caligrafía, diluida, cariño,

te he mentido, soy un espía, un proscrito, todo

para evitar decirle cara a cara que no podía amar.


Pablo Esteve. Papiroflexia para Ingenieros Aeronáuticos. 19/11/2011

domingo, 23 de octubre de 2011

oscilante

oscilante, tembloroso helado en tus labios.

No puedo hacerme una idea más precisa

del mar si no es en tus labios, en la lúgubre

carnosidad de tus besos, los que ya no me das,

los que olvido en cada aniversario. Sobre esa arena,

de incontables granos de cuarzo, me cambio

de bañador, lo tiro a la basura, me sacudo

la tristeza, esa camiseta sudorosa de largas

noches de verano, y como tal, el otoño sucede

al verano en la conciencia de las estaciones.

Tiempo de castañas, desayunos de domingo,

manta y película y hacer el amor hasta los créditos.


Pablo Esteve. Donosti. Papiroflexia.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Mi nueva caja de Plastidecor

Quería hacer cosas. Infinidad.

Muchas cosas. Me impacientaba

y salía de clase como un tiro.

Tanto que mordía las pinturas

de madera y perdía los sacapuntas.

Me sobraban líneas, bocetos

y me faltaba el aire y el color.

Mucho color. Infinidad de colores.

Los Reyes Magos recibieron mi carta

certificada y dejaron sobre mis zapatillas

de felpa marrones una caja de plastidecor.

Con ganas. Con hambre. Pintaba

hasta que mis manos eran una paleta

del mundo que quería, y apuraba

hasta que el rosa o el verde no era más

que una leve uña a punta de cuchillo

sobre el papel. De la caja no quedaba

ni un superviviente. Ni siquiera el blanco.


Pablo Esteve. Donosti. 19/10/2011. Papiroflexia.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Un día conocí a una mujer

un día conocí a una mujer de la que no me separé

en toda una noche de tabaco, alcohol y cazadoras

robadas. cuando el día ya nos echaba la derrota

por los hombros, le dije que me diera algo, que me iba,

y me dejó un paquete de besos, bien cerrado,

no te los comas de golpe, múerdelos despacio.


Pablo Esteve. 12/09/2011

viernes, 13 de mayo de 2011

Jon Eskoriaza, calle del muelle, nº 6, 3º


hasta que se retocó los labios tenía perdido

su aliento entre mi lengua. Repetía que el jazz

no era asunto de hombres y que el contrabajo

se decidía en un tango de manos que se buscan,

chocan en un suspiro y se alejan y se cruzan.

Eso me pasó a mí, busqué su dirección en el escote

y ahí terminó bobby tucker de la peor manera

tanto que no supe cómo decirle que se viniera

conmigo. Hubiera bastado con una copa de menos

o con pegarle un tiro a este olor a fracaso que no se va.


Pablo Esteve. 12/05/2011. Papiroflexia para Ingenieros Aeronáuticos. Donosti.