Experimentos de Pablo Esteve

Para conocer todos los experimentos: jardinutopia.tumblr.com
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martes, 8 de junio de 2010


La economía del no es un ente parásito. En el fondo, es algo inventado, un poder en la sombra, una cucaracha kafkiana. A los surrealistas les acusan en ocasiones de que niegan más que crean. Habrá que robar el fuego de los dioses, hacer algo para contrarrestar la monótona rotativa del "no".

martes, 27 de octubre de 2009

El otoño a las 12h57 (exactamente)

Ahí donde lo veis, tiene 93 años. Llevaba una gabardina ocre y pidió un rioja. Ah, y unos morros de cerdo. Sonrió perspicaz (definitiva palabra para este anciano demoledor) con la aristocracia medida. Sabe que esa arquitectura en el Sacramental de San Isidro, dedicada a un tal Godia, le corresponde a él. Porque lo vale. El otoño ya está aquí y mientras todo el mundo se asusta, yo me alegro porque es la temporada de las cafeterías, de encontrarnos en la misma respiración, en el mismo vaho de los cristales. Ojalá sea el invierno más lluvioso de la historia y seamos un poco más esos escolares de Machado contando las gotas que discurren con la monotonía de las tazas, cucharillas y el café. Y mojarnos los bigotes con ese chico que entra sacudiendo su cazadora. Quien esté triste que emigre al Congo belga. Ahí donde lo veis, tiene 93 años. Apura su copa de vino, sonríe mirando desde un futuro ideal con la arrogancia del que sabe que ha triunfado y del que es feliz comiendo unos morros de cerdo en el bar más cutre de la ciudad.
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jueves, 1 de octubre de 2009

Creciendo


Mis ojos están cada vez más abiertos, más cargados de azul. Últimamente me fijo más que nunca en los zapatos. He visto deliciosas bailarinas rosas con sonrisa incluida y en los bolsos sorpresas y envidia. Además de este complemento necesario he comprobado mil y un pintalabios haciendo competencia decidida al rímel. Y belleza, belleza entre tanto ruidoso polvo. Puedo apostar todo al nueve rojo.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Lo nuevo de Jonathan Hilton (avance)







G
A
B
R
I
E
L

Guapa, tienes cuerpo de pecado / si no andas con cuidado/ te como a lentos bocados. No era su mejor poesía, pero ya llevaba años escribiéndolas y el guarda se reía con él porque las que más éxito tenían eran las más cursis. Gabriel Leceta, vasco, madrileño de adopción, se largó del País Vasco sencillamente persiguiendo a una mujer. Vivió con ella 15 años, los más felices. Murió una nochebuena al declararse un incendio por un cortocircuito, ella dormía y él había ido a casa de sus padres para celebrar las navidades. Mala suerte. Una vez que el mal está hecho, hay que sacar las castañas del fuego y comérselas, quemándose el paladar, perdiendo el gusto. Lógicamente, lo pasó bastante mal, hasta que decidió recomponerse una mañana mientras se refrescaba la cara. Tuvo la suficiente fuerza de voluntad como para saber que aquello no podía durar más de lo que estaba durando y al día siguiente, se metió en un bar de alterne y se dejó 300 euros, una detrás de otra. Después de eso, no volvió a comprometerse y eso que pretendientes no le faltaban. Quiso terminar con esa rabia contenida, ese dolor que necesitaba exteriorizar. Ni recuerda el nombre. Días después entró en el Banco Santander, envió varias cartas a amigos y se largó a La Habana. Un clásico. Pasó un par de años hasta que se cansó de vivir de la nada, de algunas noches al raso y pensó que ya era hora de tener un cuarto limpio. Volvió a Madrid y ésta lo recibió con un mazazo en el estómago y empezó a odiar esta ciudad sin rumbo donde todos caminan y esnifan sus defensas en las esquinas ya sean best sellers, Ipods, o galvanizantes varios. Se quedan ahí, indefensos conejos que no saben por qué están allí, cómo llegaron pero ahí están sin poder atravesar la verja invisible que, sin embargo, los retiene. Trabajó de comercial en algunas empresas del sector de los idiomas y del arte hasta que le resultó tan pesado y lacerante que se dio a perder gastando lo poco que tenía en su ilusión: la escritura.

martes, 18 de agosto de 2009

Primavera en Septiembre

Una vez encontré dentro del bolso de mi madre un diccionario de Euskera-Gaztelera, en la misa de las 19h en sábado. A partir de entonces, siempre recurría a ese libro antes que a la Biblia. Me gustaba su textura, las hojas finas (menos de 80 gramos) y creo que, por aquellos sábados, tenía una mirada abierta, curiosa, anhelante. Me castigaban por hablar, o por estar en silencio mirando por la ventana cómo llovía. Los chicos del barrio jugábamos entre las obras y dentro, cuando no existían alarmas de presencia ni guardas, sólo unas vallas corroídas por el óxido y abiertas por abajo para que entraran los toxicómanos, los gitanos y los niños. Nuestras rodillas tenían heridas y la ropa se quedaba hecha cisco en menos que cantaba un gallo. Muchas tardes de tormenta se escuchaba el crujir de la sequedad en forma de polvo y ese olor tan característico nos obstruía las narices, casi asfixiándonos. Jugamos al fútbol, a perseguirnos, a escondernos por todo el barrio. Muchas veces, nos perdíamos de nosotros mismos hablando en nuestro escondite hasta que, la noche o el "topo" que entraba en la estación, nos devolvía a la realidad de que estábamos creciendo o también el olor a pescado frito y los gritos de nuestras madres. Luego llegaba septiembre y todo era nuevo: los estuches, los lápices, los cuadernos, las gomas de borrar, las de los tirachinas, las filas en el patio, nuestros nombres en orden alfabético, los recreos de pelota a mano o pala con el bocadillo de jamón york a medio engullir. Las trenzas de las niñas no existían más que en las salidas cuando nos cruzábamos con algún otro colegio cercano. De pronto, tengo 34 años, y estoy a las 16h23 en la calle Santa María Magdalena, 15, Consulado de Bulgaria, soñando, fuera de todos los que esperan que reúnen las condiciones necesarias para llamarlos "búlgaros". Espero mi "no-turno" porque una voz grave me repite que de 15h a 19h, solo entrega de documentos, da, da, znam, obache...Todo vale para conseguir una mirada, unos gestos, algo mágico que tiene dientes, sonrisa, ojos azules, inquietud, quizás me robe algún libro de los que dejo a propósito por las librerías, a su alcance. Comienza el viaje, las esperas en el aeropuerto, los nervios, su mirada fija en mí, la mía sobre él, la emoción, lo que me impedirá durante días poder escribir algo que tenga gramática perfecta o tildes o coherencia. Preparen sus pasaportes. Salida inmediata. Hasta ahora mismo, Madrid. Zdrasti, Sofia, Dobisdane, Sofía. Hola, Daniel.

viernes, 31 de julio de 2009

Hang Drum

Descubrimientos...
Sonido que te succiona y que no podrías jamás dejar de tocar...
Adictivo...



martes, 28 de julio de 2009

Historias de Sheffield

La Universidad Europea se llena de 273 adolescentes, un staff de no sé cuántos monitores italianos, 24 profesores y yo, el misterioso hombre de negro. ¿Qué les pasa a todos que, naturalmente se apoyan, se consultan, se compenetran, se polinizan? Habrá que cruzar el lago para conocer a esta extraña criatura de tantas cabezas. El uno de agosto empieza con un mes lleno de italianos como amapolas pasando del edificio C al A, y viceversa. Me gustan las risas en el autobús (grande, pequeño, furgoneta) a las 8 de la mañana, un sábado o un lunes. Ese fresco al descender al mundo de los del ABC, los veleros en Marbella o el BMW de papá, inquietante contraste con esos 24 profesores y yo adentrándonos en las aulas a las 9 en punto. Al cabo de unos minutos de clase, miro a través de los cristales de la puerta el comienzo de un combate feroz. Y yo fuera, con una sonrisa de verano y los pies mordidos por las carpas desde julio.

domingo, 12 de julio de 2009

Siguiendo...

Nada de toc, toc. Siguiendo mis pasos, me encuentro esa puerta. ¿Qué hay dentro? No me importa. La gente ni se ha dado cuenta de que está abierta. Alguien vendió vendas para los oídos, tapones de silicona para los ojos. Miro a los lados, nadie. ¿Dónde se fueron todos en una tarde de julio? Al cansancio de lo mascado, al plástico de la soledad o al abrigo de unas cañas (ante eso me quito el sombrero). Dejaos de historias y entrad, con los pantalones subidos y los ojos bien bostezados.

viernes, 3 de julio de 2009

Juegos malabares

Llevo unos días esquivando Millenniums. Milagrosamente a nadie le salieron agallas y materialmente me parece imposible de sobrellevar dicho ejemplar. Los libros de bolsillo, deliciosas muestras de literatura urbana, los veinte poemas para ser leídos en un tranvía, son la prenda adecuada para los traslados en metro. Los libros de más de 200 páginas se hicieron para el té de las cinco y media o para un domingo por la tarde lluvioso (léase, originarios del Norte peninsular). Sigo esquivando noticias de si la Lisbeth es anoréxica o si se casará en la última parte (o sea, al final de libro). Libracos de usar y tirar y hablar después, "lo he leído", con el orgullo por las nubes, "soy unos de esos millones", como si eso fuera un premio o la medalla de oro en héptatlon. Propongo el juego de esquivar Millenniums: verlo y tirar por la otra esquina. Acepto como lectura rebelde Penthouse, manifiestamente prohibida o censurada...

martes, 3 de marzo de 2009

Salino...


La playa es un fortín de niños armados con cubos, palas. Agujerean ese campo de batalla para impedir que las corrientes arruinen sus cuentos infantiles. Hay miles, se extienden, larga mirada inaudita. He visto más allá de esa desnudez corsaria pies vestidos con bailarinas verdes de charol e italianos en bicicleta con dos "telepizzas". Más allá, donde rompen las olas a deshoras o de madrugada había ropa limpia colgado de ventana en ventana. Y un niño en bicicleta. Y un niño en la orilla, soñando. Y un niño que aprende a ser mayor para leer los libros con letra grande...

lunes, 2 de marzo de 2009

Taller express



(take away food)

Elige un color y escribe unas líneas pensando en sensaciones que no tengan que ver con la vista y sí con ese color (“un verde comestible seguía colina abajo a un teckel de pelo largo y crepuscular”, por ejemplo). Se trata de buscar asociaciones más allá de lo que es "verde" para unos ojos con prisa y sin nada de rocío. Máximo cinco minutos para pensarlo, escribirlo y enviarlo como comentario a este post.


viernes, 20 de febrero de 2009

...en carne viva. Ya es hora de abrir las ventanas y de ventilar el invierno.

jueves, 12 de febrero de 2009

Suavidad y miradas...

Dicen que, a pesar de tener todo, siempre falta algo. Y hay días en los que gritaría por salir de los cafés, en los que robaría un coche con el depósito lleno (acompañado, no confío en mi sentido de la orientación) y haría de nuevo 3000 kilómetros cruzando Francia, Italia, Eslovenia, Croacia, Serbia, Bulgaria. Me pierdo por sus ojos azules, por unas líneas cargadas de lluvia...

martes, 3 de febrero de 2009

Espejismos (Lluvia)

Let's Get it Started. El lunes tiene fiebre de sábado noche, sin embargo es lunes. Y llueve. A pesar del ahogo, del gris impertinente, de ciertas gabardinas ajadas y de miradas del mismo estilo y reconociendo lo que Pilar Adón dice ["Desde el fuego de una mirada/hasta lo gélido del futuro,/no es cualquier cosa/vivir un día y otro día y otro./Sin héroes ya/ni leyendas a las que echar mano cuando no hay luna.], el mundo gira, se mueve, incansable y en cualquier autobús de línea (por ejemplo, el 60) se abre la caja de Pandora. Huele a mar, a gusanitos, a violetas, a sudor también, a calor, a luz, a viaje sin retorno con restos de un naufragio porque el aire lo exigimos trece veces por minuto (según estadísticas de Gabriel Celaya).