domingo, 15 de enero de 2012
-no title-
una espalda porosa
tiene el sol y la sombra
en la cama revuelta
y efectos secundarios
con alarma inmediata.
Pablo Esteve. Donosti. 15/01/2012.
martes, 3 de enero de 2012
salsa de ricotta
no tienes por qué decirme que todo
está bien tantas veces, porque ya lo sé,
porque me haces cosquillas desde los pies.
Si no tienes claustrofobia dame tu mano,
tropieza en mis labios porque no puedo
parar de reírme y qué importa si despertamos
a tus amigos, me siento a punto de evaporarme
tenue contra tu piel. Hemos tropezado
con una bicicleta, con la fregona,
con una bolsa del super llena de patatas para asar,
coincide con la olla a presión que son
nuestros cuerpos en el estallido
de un beso que me ha sorprendido
en medio del pasillo o al ir a coger la toalla en la ducha.
Se suceden ruidos de puertas que espían, que nos envidian
y eso te excita, lo compruebo en cómo tu mano
sube por mi brazo hasta el hombro y no se detiene
hasta que cuenta uno a uno todos los lunares
de mi cuello. Cambiamos de canal y casi nos caemos
de las sábanas ya húmedas, al pensar en los jadeos
ornamentales como de ópera barroca que me contaste
el mismo día que nos conocimos.
sabes, no me importa que mañana
tenga que madrugar chillamos nos quemamos,
renunciamos a la eternidad de ocho horas de sueño,
no me importa porque esa sonrisa, esa respiración
coincide con mi sueño, en el que aparezco a punto
de lanzarme de cabeza a la piscina. Me miras
como si no entendieras y te evaporas,
y por tu mente, a mil fotogramas por segundo,
el sinfín de horas cambiando canciones por el suelo,
con cervezas, tirados después, el roce insignificante,
el que puso el contador de la bomba nuclear a cero
y mi obsesión por los bombones rellenos de licor.
Pablo Esteve.
miércoles, 29 de junio de 2011
Freiburg tiene unos tranvías amarillos
Freiburg tiene unos tranvías amarillos
casi del mismo color que el collar
que me regaló Ana al pie del Montblanc
sí, sí era un renacuajo y me iba con cualquiera,
y fue antes de maravillarme con la cantidad
de flashes desechados, almas abandonadas,
por los sumideros del glaciar. Eso me devuelve
a esa fotografía con el pie torcido, manía
recriminada por mi padre, no lo tuerzas,
y me mordía el labio inferior como ahora
cuando estoy a punto de soñar sin control
y me inquieta no hacer novillos en esa asignatura
del deber, de la conformidad, de lo que nos corresponde.
Pablo Esteve. Donosti. 29/06/2011.
Papiroflexia para Ingenieros Aeronáuticos.
martes, 21 de junio de 2011
Nada por delante, nada por detrás ni a los lados.
Los viejos son una pléyade de circunloquios
sentados, con la piel en carne viva apresan un aprobado
por los pelos, una silla plegable de playa y tiempo
hasta el mediodía. Han crecido entre astillas y arrugados
primeros planos de las actrices estadounidenses.
Ingresaron hace mucho en el cuerpo diplomático
de los que silencian con la punta de un descuido
un resto de desahucio. Serían capaces de morir
de un disgusto porque les da la gana, de improviso.
Después se dan la vuelta, con ternura cogen una manzana
y su nieta María pide la merienda con algunos dientes menos.
Pablo Esteve. San Sebastián. 21/06/2011.
Papiroflexia para Ingenieros Aeronáuticos.
sábado, 11 de junio de 2011
Irradiar no me lo dicen todos los días
Irradiar no me lo dicen todos los días,
así que ni corto ni perezoso, lo primero
que deseché fue el espejismo, con estruendo.
Más allá, en las naves industriales cerradas
por derribo, quedaron los objetos acumulados
sin ansia, las fotografías perfectas, de salón.
También, se llevaron el desdén y las camisas
sin holgura, las mandíbulas sin colmillos.
Irradiar es una marcha triunfal de timbales,
un ejército que brama desembarazándose
de cualquier indicio de manos desganadas
de parejas al filo de septiembre. Me salto
los puntos suspensivos y mastico el pan caliente.
Pablo Esteve.
Papiroflexia para Ingenieros Aeronáuticos. Donosti. 2011.
miércoles, 1 de junio de 2011
sacábamos la cola a las lagartijas
sacábamos la cola a las lagartijas.
concienzudamente. No lo sabían nuestros
padres. Luego descubrimos el sexo
en un descampado, en un solar cerca
del colegio. Cajas llenas de lo explícito,
muslos empapados, actividad frenética
y caras dislocadas por el placer que Luis
decía que era de mentiras. Fingían, nos soltaba
y se le hinchaba la vena del cuello. La vida
tiene su ciclo, teníamos la oportunidad,
una barra libre inmensa y estábamos más que
dispuestos a soltar amarras. Revistas que
pasamos de mano en mano. Sacábamos
la cola a las lagartijas en los ratos libres,
y las ancianas nos reprendían, qué horror,
se lo diremos a tu padre. Claro, te conocía
hasta el apuntador y era cuando la sangre
hervía y jugábamos con las postillas de las heridas.
Las lagartijas se escondían en unas grietas
por las que soñaba que se veía el mar.
Pablo Esteve. Papiroflexia para Ingenieros Aeronáticos. San Sebastián. 2011.
miércoles, 18 de mayo de 2011
En la lección cuatro de ciencias sociales
En la lección cuatro de ciencias sociales
de séptimo de EGB el cura faustino
nos preguntó qué queríamos ser de mayores.
Acanto, el primero de la lista, fontanero,
corrigió, capataz. Andrade, mecánico,
añadió aeronáutico. Abogado como mi padre,
sonó como el presente a primera hora
en la voz fina de Aparicio. Médico como mi tío,
grandilocuente Azcárate. Esteve, panadero.
El cura faustino esperaba algo, incierto
sospechaba que no llegaría, panadero,
obstinado, paladeando cada esquina de la palabra
panadero, sentencié y mi turno quedó olvidado
en una clase de 1987. qué quieres ser de mayor
me preguntaron hace unos días unos amigos.
No supe qué respuesta deseaban escuchar
y volví a decepcionar para no perder la costumbre.
Pablo Esteve.18/05/2011. Papiroflexia para Ingenieros Aeronáuticos. Donosti
domingo, 15 de mayo de 2011
cómete lo que hay en el plato
cómete lo que hay en el plato. No dejes nada.
Manzana de postre. No puedo con ella. Quiero
natillas. Un mordisquito en la piel ácida verde
de la vida. Siempre terminaba en el baño
hasta que no la acabes, no sales. Miraba,
qué podía hacer. El espejo, jugaba con el vaho,
escribía mi futuro con letras de hoja perenne,
la bañera olía a champú y a calor en invierno,
a sudor y arena en los de verano. Mi castillo
hasta que la manzana desaparecía a la media hora.
Pablo Esteve. 15/05/2011. Papiroflexia para Ingenieros Aeronáuticos. Donosti.
martes, 15 de febrero de 2011
Iván
iván, tenía dos años y medio
parecido a laura o a lucía, sí,
ya andaba, descubriendo, tanteaba
con la certeza de poseer cada uno
de los segundos de las veinticuatro horas.
Encontró una silla de nogal, con incisiones,
huellas, lenguetazos de amores veraniegos
o viejecitos de hoja perenne, imprimió uno
tras otro en sus dedos, las migrañas de manuel,
el oficial de primera que arrancó la motosierra,
la reserva de vacaciones a cancún de quique,
el carpintero, sintió el barniz derramado
en exceso porque mario tendrá su primera hija
y estaba en las nubes. Iván sonrió, trasdendente,
con una mirada de octavo y apuró el café de su mamá
en un sofá magnífico de piel roja, gastadísimo.
Aquello le provocaría poner perdidos tres pañales,
demasiadas historias para digerir, al fin y al cabo
no es más que un niño con dedos de pianista.
martes, 4 de enero de 2011
el regreso
cuando me preguntan qué fue de mi vida,
serpiente de cuatro cabezas, murmuro entre dientes
“es un periodo que empieza en 2002 y termina en 2010”
Les cierro el pico cinco minutos, se toman una cerveza
de un trago y me invitan al estadio de Anoeta
creyendo que un partido Real Sociedad-Real Madrid
me reincorporará sin estridencias a mi estado anterior
con menos canas, ojeras y con el paso más nervioso.
Me confirman que no entendieron nada. No he vuelto
para explicarles, eso aguardan, sus caras denotan
en mi negativa a las entradas que tampoco les importa.
¿Qué harás? ¿Dónde trabajarás? me recuerdan, frías ramas
de nogales, en un tétrico estertor enredado, que ayer llegué
sin comitiva, con la prisa del tren a las 17h13, dirección Lasarte
y dos minutos de trayecto. El único que me conoce es el perro.
jueves, 30 de diciembre de 2010
futuro
sin poder pagar la cuota de acceso, sin ir correctamente
vestido, necesito catorce euros para pagar a un amigo
catorce para dormir, ilusionarme tres días, creerme
que cuento con una vida apacible, normal, de poderme
tomar un desayuno completo, de esos con zumo de naranja
natural, ducharme y lavar mi ropa que está de mugre
hasta arriba, que no la lavé desde hace una semana
que estoy aquí, claro que no recuerdo, no tengo
calendario en la puerta de la nevera, así que, igual
me confundo, tampoco robo, señores, no, hasta ahí
no he llegado, llevo ocho veinticuatro horas seguidas
que se dice pronto, sin comer en condiciones, quietos
fotográficos, estatuas de sal o mejor pimienta, standby
con la evidencia en los rostros de este vagón de metro
de que apenas los treinta tipos que salen conmigo
abortados por las escaleras, tendrían lo suficiente
para concederme el maldito paraíso, cincuenta céntimos
rascados en el bolsillo izquierdo o el de atrás, el de
anda, si tenía cambio, hacen un total exacto, comestible
de quince euros, que a lo mejor mañana, ese término
a las seis y cuarto del día siguiente, te mandan
a tomar por culo en el trabajo, que te importaba
una mierda, lo decías todas las noches a tu mujercita,
la misma que te aguantó hasta que ese mañana
tenía una nota para ti, au revoir, porque hizo su vida
y más que cambiar la cerradura, te dejó con la hipoteca
y una demanda de divorcio en la que pasarás una pensión
a laura, ya, aterradora, ya, pero es que ya no sé qué puedo
hacer para no salir mañana, precisamente en las noticias.
Pablo Esteve
miércoles, 8 de diciembre de 2010
nada más
nothing else por la puerta de atrás que es lo mismo,
esa conclusión me la soltó tras el segundo bocadillo
de calamares. Parecía animado y nos largamos dando tumbos
hasta el cabaret Le chat noir, una boîte de reputación nefasta,
es lo que hay, esta noche me importa un pimiento que murmuren.
Bebimos, reímos, dimos volteretas, bailamos con la rubia
típica pasada de años, maquillaje y de humedad, de la esquina
la que toma algo fuerte con un cigarrillo en los labios,
tocándose el pelo como quien tócala de nuevo, sam, invítame
a una copa o a cerrar por dentro la puerta de una pensión lúgubre.
Terminamos las existencias de todo tipo, como mandan los cánones,
nos separamos y quedamos en llamarnos cuando la borrachera
se hubiera disipado. Menos mal que no vivo con ella, menos mal,
decía mientras se alejaba. Se puso en orden la cazadora y los cordones.
hasta pronto, descansa, duerme bien, hablamos cuando se nos pase.
Pues no, nada de esto es verdad. Al menos, eso pone en el atestado
al que tuve acceso horas después de decirme aquello en El brillante.
Estaba tan harto de sus historias de amores rotos que tantos cristalitos
por la garganta me revolvieron el estómago. Y allí lo dejé y sin regatear
me largué con una rubia oxigenada que me metió por un portal lúgubre
de
Lo que decía ese informe policial era que había salido borracho,
encontró su coche y condujo en dirección prohibida hasta empotrarse
contra una farola. Su habitación en el hospital es la 214. 2º planta.
Le darán la baja en una semana o dos, cuando se le cierren los puntos
(veinticinco). Hasta aquí la versión más segura. Lo demás es poesía
o nothing else por la puerta de atrás que es lo mismo.
domingo, 22 de agosto de 2010
mediodía
aquí y ahora el mar me invita a que me sumerja
casi impacientado por un vaso derretido
o hecho añicos, la sangre brota, la arena
lo confirma, y en la orilla más cercana,
hay un tránsito a las rocas, a un espera,
que me lanzo, pero antes dejo mis zapatos
alineados, con los cordones sueltos, por si
alguien quisiera repasar mi vida o robarla
indiscriminamente deberá solucionarla
llevarla de la mano por otros caminos
hasta un cruce y ahí, es donde se separa
de mí para siempre. Aquí y ahora, nada es
triste, nada se hace en balde, todo se recicla
hasta cualquier vida de cada uno de nosotros.
Pablo Esteve
lunes, 14 de diciembre de 2009
Origami 2
solicitudes. Hoy me inyecté mi dosis, doble
de dilatación de retina. Respiré hondamente
y en el primer metro que me monté, hice recuento.
Sonia, cálmate, no puedes controlarte. Déjame en paz
Mateo, me pongo mala dentro, no, suéltame.
Tres estaciones. Silencio, silencio. Otras tres.
Solo cuando salí por Alonso Cano, la espuma
del café que tomamos ayer, me invadió las pisadas.
Se me nubló el sentido. Hablamos de lo mal que
el gobierno diseña la estrategia de los caracoles,
que somos todos, nos reímos en un inciso de esto.
Me pasaste la servilleta porque habías escrito
la más hermosa declaración de amor, y me la dedicaste
con algo de mariposa y algo de luna. Me gusta el azúcar,
recogerlo con la cucharilla larga y que la lengua
se disfrace con un antifaz de serpiente y de un escobazo
borre el malgusto y las peores digestiones. Como platos,
mis manos más que mis ojos y te robé varias expresiones
de tu rostro, para mi colección particular, para cuando
un tarde de noviembre me disparen salinamente
tus ausencias por horas o los trozos de un edificio
agujereado gruyère, más claro no puedo decirte
que te quiero a borbotones o a guerra de almohadas.
domingo, 8 de noviembre de 2009
Otoño en noviembre
Apuntes circunstanciales:
Pepe Botella, 03/11/09, media tarde. Un cortado. 2 euros. El precio de la vida sube. La mesa, la de siempre, la que controla las ventanas y la puerta y todas las mesas. A mi derecha, una chica extranjera habla gritando a otra. La música es de jazz. Hay humo, demasiado. Está hasta los topes. Se oye un constante murmullo de conversaciones encontradas. Aquí empieza el poema. Preparados, listos, ya.
ORIGAMI 1
Desnudos, absolutamente desnudos.
Marca de la casa. Inventario de bebidas.
Ruth pidió un té con leche, Alfredo
la desnuda con su pierna izquierda.
Hay espejos, serenos, pensando de esquina
en esquina, cronometrando las existencias.
Se cierran contratos con sabor a café, pastas,
mundos contrariados, pasados que se cuentan
por errores, besos depositados a plazo fijo.
Ese movimiento incesante es el mismo bosque
de mi infancia, el de las hojas marrones crujiendo
en un atardecer imaginado de ávila, confidencias
a punto de, siempre, a punto de, diluirse en un empate.
Diluirme con mis ojos, metiendo las patas hasta el fondo
de una tarde que me recuerda a ti, antes copiando
las miradas, las sílabas de los adultos, la ceremonia
digna de ir al baño, después con canas pasado páginas
de mi agenda, de mi cuaderno de notas y olvidando
párrafos completos o sintiendo que es alfredo
o ruth los que hablan con pablo o con violeta.
Mucho antes de que me preguntes, presencio
tu destello nada sombra, nada ciprés, y sí, alargada,
despachando “mustio”, “angosto”, “insípido”
del diccionario común con desdén, capaz. Desnudos,
como ambos en esta mesa de tarde, otoño y la magia
sencilla de salir pagando los cafés y hace frío amarrarnos
al bote salvavidas, sobreviviendo a dentelladas, cálidas,
absolutamente desnudos, clásicamente puzzle completado.
Pablo Esteve