viernes, 3 de julio de 2009

Juegos malabares

Llevo unos días esquivando Millenniums. Milagrosamente a nadie le salieron agallas y materialmente me parece imposible de sobrellevar dicho ejemplar. Los libros de bolsillo, deliciosas muestras de literatura urbana, los veinte poemas para ser leídos en un tranvía, son la prenda adecuada para los traslados en metro. Los libros de más de 200 páginas se hicieron para el té de las cinco y media o para un domingo por la tarde lluvioso (léase, originarios del Norte peninsular). Sigo esquivando noticias de si la Lisbeth es anoréxica o si se casará en la última parte (o sea, al final de libro). Libracos de usar y tirar y hablar después, "lo he leído", con el orgullo por las nubes, "soy unos de esos millones", como si eso fuera un premio o la medalla de oro en héptatlon. Propongo el juego de esquivar Millenniums: verlo y tirar por la otra esquina. Acepto como lectura rebelde Penthouse, manifiestamente prohibida o censurada...

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