miércoles, 20 de abril de 2011

canción de cuna

deberían prohibir en todos los hoteles las camas sencillas

apostar decididamente por las de matrimonio con descorches

de recién casados fiesta privada. O aprobar una ley contra

el aburrimiento decretar el toque de queda en los despachos

asesinar a todo aquel residente a perpetuidad o que no detenga

a cualquiera con la más estúpida excusa. deberían prohibir

exactamente, los labios cerrados y las funerarias y las flores

de las funerarias y las urnas a excepción de las de caramelos.

Y proponer en el congreso que todos los días sean festivos

o que la luna no sea tan estrecha o el derecho del hombre

a beberse toda la luz hasta quedar harto o enamorado.

Oficialmente, deberían prohibir la muerte y los pinchazos

y las camas de hospital con lluvia y el rigor mortis, sí, aquel

al que siempre entran ganas de darle una patada en sus sagradas

hacerlo reaccionar antes de que descubra que ya no existe,

deberían prohibir las conversaciones pasadas de pimienta

el café frío las tostadas sin mermelada la hierba seca.

O aprobar un decreto exclusivamente para no romperse siquiera

un hueso o el buen humor. Permitir a las adolescentes

que sean feasy que puedan desear bruscamente

a los viejos verdes y sin compasión. Oficialmente deberían

renunciar, primero a la muerte, segundo a la eternidad,

tercero a las persianas. Pablo Esteve, otoño, treinta febreros.

2 comentarios:

Isabel Pérez del Pulgar dijo...

Sólo nos decretan para ser infelices...haría falta una nueva revolución

Alejandra Cornide dijo...

Precioso
conmovedor desde los codos hasta el centro mismo de la razón.

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